Liquidar mis bragas, eso es lo que me gustaría a mí. No, por falta de uso, sino por falta de sex apple. Estoy preparando la maleta para mis próximas vacaciones y a este paso, con los modelitos de ropa interior que llevo me van a detener, pero por anti-sexy. Si ya estoy jodida en las apps de ligue, con esto me dan la medalla de honor. Mi celulitis corporal tampoco ayuda.
Sí, ando con una racha malísima de narices. No ligo nada, no sé si es por mi desgana de vivir o porque solo me topo con inadaptados de la vida. Algún match cae , pero ¿en qué se queda? en dos párrafos de habladurías y bye, bye. Fíjate que me va tan mal en las aplicaciones de ligoteo, que he vuelto a recordar a mis rolletes de hace siglos. Las malditas series de Netflix, he terminado la temporada 3 de Valeria y su afán por removerte recuerdos.
Ellos me odiarían si su nombre apareciera por aquí, así que les regalaré un pseudónimo o me limitaré a obviar su nombre. Sí , Marlon Brandon, así llamaré a mi doblador de voces y no precisamente me refiero al chef, que de ese ya hablé en el capítulo 15, esta vez hablo del top. Un doblador de voces, que entre su doblajes estrella, estaba el ser la ardilla Alvin. No es mágico hacer match con una persona así. Fíjate que me recordó a Bruno, de la serie Valeria, porque era padre divorciado, intenso, con un pisito chulo de narices en pleno Paseo de la Castellana y con «las ideas claras» o eso me parecía a mí en los inicios de nuestro «enamoramiento». Son de esas historias chulas, en las que conoces a una persona brillante, lista, divertida y buen amante en la cama. Que sí, que te saca unos cuantos años y que tiene dos hijos, pero a una le gusta arriesgarse. Que se pone muy intenso ya que a los dos días de conocerte te quiere llevar a una gala al estilo los Goya, pero en Asturias, que tú te asustas y le dices,<<no quiero etiquetas>>. Que le frenas y le rompes el corazoncito y que luego cuando te pillas él te dice, ¿abrimos nuestra relación? y tú lo único que quieres abrir son las piernas, pero que él no descubra más piernas, solo las tuyas. Pero que luego ya es tarde, él te enseña su nuevo proyector de cine, pero esta vez no puedes compartir película y palomitas con él, ya que ya lo hace otra. Ahora también comparte ese sofá con los pañales de sus gemelos, sí una que le da por stalkear Instagrams ajenos.
Que a los meses te pasa lo contrario, esta vez sin apps de por medio. En mi bar favorito de La Latina, nos une una conversación de superhéroes en el baño, que no sabes cómo te lo ligas, pero consigues su teléfono la primera noche y que todos los días me regala un mensaje bonito. Hasta que llega por fin nuestra primera cita, recorremos el pasillo de El Resplandor, nos hacemos un selfie con las niñas. Tonteamos con la película La Naranja Mecánica de fondo y tras una borrachera de croquetas y pisco sour, acabo dando las campanadas en los balcones de La Plaza Mayor. Y no, no me refiero a comer las uvas, más bien otra cosa. Que te dicen: <<Quiero volver a verte y cocinar contigo. Ha llegado tú chico del norte, el que tanto buscabas. Me flipas>>, que te subes las bragas y que en los días siguientes ni hay chico del norte, ni menú especial.
Sí, este calor, me ha hecho replantearme y pensar: «¿qué estaré haciendo mal en esta vida amorosa?» ; «¿tendré canas en el mojo?»; «¿este veranito volveré a tener una noche experimental como el de 2022?»; no lo sé. Pero, aquí sigo rellenando microrrelatos e intentando liquidar mis fracasos amorosos y mis bragas descosidas.