Lo de que el mundo es un pañuelo es algo evidente y si no que me lo digan a mí. Sí , quien iba a decirme que tras 14 años me toparía en Tinder con un admirador y no uno cualquiera, sino de esas historias de película romántica americana. Sí, nuestra conversación empezó con un:
- Buenas!!
- Hola ¿Qué tal?
- Jaja, bien, terminando de currar. ¿Te sueno de algo? XD
- Jejejeje ¿Cómo? ¿Nos conocemos?
- Jaja, más o menos. Tengo buena memoria para las caras XD
Sí, resulta que me topé con un antiguo amor universitario, y no uno cualquiera un admirador secreto. Y lo digo que en secreto, porque era mi admirador y yo la chica de al lado. Estuvimos en la misma clase en primer año de periodismo. Él prácticamente no pisaba el aula, pero se fijó en mí, tanto que aun recuerda mi apellido en las listas de clase. Yo con mis 18 años de incauta creí que me comería el mundo y me convertiría en la Julia Otero del siglo XXI. Pero al final lo que acabé es comiendo muchos pinchos de tortilla de cafetería, engordando unos kilos (evidentemente por los pinchos), haciendo botellones cada semana, con un trabajo precario y sin cumplir mi objetivo de ser una de las periodistas más influyentes del mundo, que digo del mundo del universo. Sí amigas, ese era mi sueño. Según lo que me comenta mi admirador él tampoco ha acabado de periodista, más bien gestiona viviendas turísticas y tiene un take away. Es lo que se conoce como el final de un estudiante de periodismo.
Tras varios días intercambiando numerosos WhatsApp con un tío majo, divertido y sobre todo decente la cosa se acaba.
¿Y en que quedó esto? No amigas, no penséis como un final de película romántica. Tenemos pendientes unas cervezas, si son artesanales mejor. Pero han pasado unas cuantas semanas y mi WhatsApp sigue sin recibir una invitación de mi “Supuesto admirador de la facultad”. Puede que sea intolerante a la cebada o a las relaciones, no lo sé y no sé si llegaré a saberlo. Eso sí, que a los 33 años sigan recordándote con esa carita de joven universitaria a una le sube la moral y quien sabe, no pierdo las esperanzas de algún día conseguir ser aquella Julia Otero que tanto ansío.
Espero poder contároslo en un próximo capítulo.
¿Tuvisteis un amor universitario?