Llevaba tiempo sin limpiar el cajón de mierda, no tengo síndrome de abstinencia sexual gracias a mi ingeniero de montes favorito y sus noches desenfrenadas, pero tengo que confesar que no he vuelto a pillarme como lo hice por última vez un ocho de mayo de 2021, cuando el »mexiñol» dejó de hablarme por WhatsApp o me hizo lo que mayormente conocemos por ghosting. Y os preguntaréis ¿Quién es él? Pues un vende humos de los muchos con los que me he topado en Tinder, en mi larga lista de fracasos amorosos.
Nuestra historia empezó un ocho de marzo y por casualidades del destino acabó un ocho de mayo, así que digamos que no se convertiría en mi número favorito de la lotería. El chiquillo empezó muy intenso, pero pensé que por una vez que hay un hombre con conversación interesante y que está pendiente de mí, no podía desperdiciar esa oportunidad. Era un chico de mundo, vivió en los United States y en México lindo querido, así que eso me llamó muchísimo la atención. Me dijo que notaba el fluir de nuestros interiores y que tenía la impresión de que yo era la chica que tanto tiempo estaba esperando. Yo lo único que sentí en ese momento, es el rugido de mis tripas, porque estaba a punto de meterme una hamburguesa doble al cuerpo, pero bueno que te digan cosas bonitas siempre se agradece.
Cuando le pregunté que en qué trabajaba me dijo agente ultrasecreto y digamos que mi saga favorita es la de James Bond 007, así que ahí ganó puntos. Vamos era ingeniero de software, pero siempre me dio más morbo imaginármelo con pistola y traje. Nuestra primera cita fue en un columpio, pero no el del parque, uno de un restaurante chill out de Madrid muy cool, junto con nuestras respectivas copas de vino. Al principio no me llamó mucho la atención, pero cuando me habló de su experiencia en USA y México, me interesé muchísimo por conocerlo más. Eso y que no estaba mal físicamente, porque ya sabéis que las barbas son mi criptonita, tanto que a los segundos estábamos comiéndonos la boca.
Me decía que tenía el secreto de ligarse a una peruana castiza, así me llamaba a mí. Me dijo que me convertiría en una escritora famosa y que le regalaría ese chalet con jacuzzi y piscina olímpica. ¡Pues oye chaval! a ver si por lo menos eso se cumple, pero el chalet para mí. Hasta ahora estoy esperando que me lleve a probar esos tacos al estilo Sinaloa y el tequila del bueno que tenía en su casa. Lo de que mis besos le hacían vibrar no sé si sería porque a lo mejor llevaba un satisfayer incluido. El sibarita de los sabores, aromas y texturas, así decía que era él y que lo probaría en mi cuerpo. Pero el día que me lo propuso se quedó sin catar nada, porque yo volví pronto a casa por el toque de queda. Así que al final la cata quedó cancelada. Tengo que confesar que siempre volvíamos cada uno a su casa con un calentón de narices, pero el destino no quería que »Cenikelia» tuviera su príncipe azul.
Yo era su »Cenikelia» así me llamaba, porque siempre volvía corriendo a casa por el maldito toque de queda, solo que yo no tenía carroza, tenía un metro norte cargado de personas con mascarilla y virus. De un mes a otro los audios pasaron a mensajes y a ralladas del tipo, me han detectado algo en el corazón y ayer hablé con mi ex. Sí, su ex novia mexicana era médico y con ella seguía teniendo relación. Estoy estresado con todo, no tengo tiempo para nada, a ver cuándo nos vemos y tonteo en modo off.
Él se quedó en Pozuelo, manejando billete y yo me volví a Alcobendas, en busca de otros matchs, porque como decía el «mexiñol» ¡A huevo chingado! (¡Por supuesto que sí!) algún día me llegará el amor indicado.