César y Cleopatra versión 3.0

Todas sabemos los desastres que nos vamos encontrando por Tinder; Christian Greys de Aliexpress , chefs que desaparecen , etcétera. Que sí, que muchas veces somos nosotras las que nos llevamos la peor parte, pero ellos también tienen que lidiar con un universo muy interesante de mujeres, tanto que hasta pueden protagonizar los mejores thrillers y sagas que harían más extensas las películas de Liam Neeson, en las que siempre hay un secuestro de por medio.

Pues resulta que el otro día me contaron una historia de esas, podríamos decir que César, se topó con su Cleopatra particular, pero esta vez no por ganas, sino por accidente. Él solo pensó que no habría mejor plan que huir de este calor de 40º en una casa de una desconocida, a la que endiosó por tener aire acondicionado. Pero, es que con la ola de calor, cualquier nombraría diosa del Olympo a una persona que dispone de él y no de un ventilador, que va a ratos bien y a ratos mal, como dispone aquí la que escribe este microrrelato.

César quedó con su Cleopatra, pensó casita, cerves, risas y aire acondicionado. Pues resulto que su plan iba a convertirse en un scape room. Cuando llegó a casa de Cleopatra, Egipto no era tan maravilloso y el discurso de ella tampoco mejoraba el ambiente. Personalidad muy extravagante y un discurso muy elaborado y preparado. El imperio romano se venía abajo, César solo pensaba en la mínima excusa para salir corriendo. Cleopatra en cambio tenía un calentón de narices, que cuando el emperador le dijo que tenía que marcharse por causas ajenas, se quitó toda la ropa y así «sutilmente» le dijo: No te vayas anda, follemos. Esta claro que las Cleopatras del mundo moderno son decididas, ¡domingas al aire y potorro a refrescar!; imaginaros como Julio César del mundo moderno se quedó. A cuadros, estaba claro.

Esto se convirtió en una lucha de gladiadores, Cleopatra solo pensaba en que Julio César le diera su medicina y César buscaba la salida de emergencia. Pero salir de ahí no fue fácil, cuando quiso abrir la puerta, la llave estaba echada. Vamos que iba a ser complicado salir de aquella casa, volvió con cierto receló y pensando << mierda, me han secuestrado>>. Cleopatra volvió a insistir, quería que entre sus sábanas ardiera Roma. Pero César quería no verse envuelto en un complot, que nos traslada a los Idus de Marzo. Así que cuando ésta le abrió la puerta, aliviado pensó <<no me vuelven a engañar con un aire acondicionado>>.Cuando miró atrás, Cleopatra con sus encantos al aire le reclamaba faena, él solo pensaba Álea iacta est (la suerte está echada) y salió corriendo como si no hubiera un mañana.