Pues un año después vuelvo a estar enfrente de mi ordenador, meditando si me han puesto dos velas negras o que de aquí a que me entierren seguiré teniendo mala suerte en el amor. Sí, he vuelto a reactivar Amor en tiempos de Tinder, porque en esta vida si una no se ríe de sus desgracias… ¿Y os preguntaréis en qué he cambiado? Pues que ya no aguanto a gilipollas ni un nano segundo, así que puede que el volumen de historias crezca en el blog. Al final, de algo tengo que rentabilizar mi fracasada vida amorosa. Aunque yo no me considero un fraude, considero que sólo doy con tarados emocionales y especialistas en ghostings, que últimamente de eso sé mucho. Am! y bueno de love bombing, en mi Instagram de Doctora Tinder, podéis informaros sobre ello.
En abril, volví a activar en modo misil las apps, sin expectativas la verdad y me topé con El individuo (apodo que se lo ha ganado por una de mis amigas). La verdad que el chaval era interesante, cercano a la cuarentena, con un puesto de trabajo en condiciones y casa propia (milagros de la vida). Tras haber estado semanitas hablando y él vendiéndome un mundo ideal, decidimos quedar en Cuatro de ocho, un bar muy chulo de Alonso Martínez, con vinoteca y cervezas ricas. Visualmente el sitio tenía mucho encanto, claro era un terreno fácil para ganarse mi confianza.
El individuo llegó a recogerme a la salida del metro Tribunal, guapete la verdad. Un rollito alternativo chic, que hacía juego con su moreno de piel. Y una sonrisa brutal. Además que era un tío con labia, conversación y uff eso a mí me lleva al cielo. La cita fue de 10 la verdad, entre vermús y nachos caseros todo sabe mucho mejor. Nuestra cita fue como un capítulo de ‘The Bear’: imposible seguir el ritmo, pero adictivo. Luego fuimos a tomar unas copas en El Ojalá (en Madrid también tenemos playa) y allí la cosa se puso más interesante, cuando me di cuenta lo tenía sentado a mi vera y nos besamos como si estuviéramos en una telenovela de sobremesa: exagerado, ridículo y absolutamente necesario.
Esa semana el efecto love bombing estaba siendo efectivo, como una fucking droga y yo estaba a punto de pegarme la hostia. Tras una semanita hablando sin parar, me dice que tiene ALGO IMPORTANTE QUE DECIRME. Pensé «que noticia me va a soltar este hombre», mi creativa mente empezó a imaginarse miles de cosas. Lo que no sabía era que iba a estar en lo cierto con una de ellas. «¿Comemos este viernes y hablamos?» me dijo El individuo.
Llegó el día y tras una charla larga, fue como un Viernes Santo: todo se detuvo, el aire se puso denso, y yo me quedé esperando la resurrección… pero solo llegó el postre y su confesión: tenía una hija de cinco años. Amén. “Yo esperando pasión, y él soltándome su viacrucis: ‘soy padre’. Tengo que confesar que me lo esperaba, pero otra parte de mí quería borrar esa idea de mi cabeza. Tenía que procesar toda esa información de mi disco duro, era algo importante, pero yo soy una chica que le van los riesgos y quise tomarme ese fin de semana como de contemplación.
Pero cuando una contempla, el otro huye y así lo hizo El individuo. El lunes al no saber nada de él, lo llamé y como respuesta tuve dos melódicos tonos de llamada y un silencio. En efecto, el ghosting volvía a hacer acto de presencia y yo sólo me llevo un chupetón que me dejó en el cuello y el chocolate picante que me regaló, ya que tenía un descuento vitalicio en chocolates Lindt.
Pues nada, me dejó marcada como res, me endulzó con chocolate y luego hizo ghosting. Romance exprés, edición limitada.