El TDAH comprende una serie de problemas crónicos, tales como la dificultad para mantener la atención, la hiperactividad o los comportamientos impulsivos. Vamos viene a ser lo que de forma común, conocemos como «ser un culo inquieto». Pues la pandemia me regaló un encanto de chiquillo, pero que padecía este trastorno. Y a mí, que me encantan los retos quise saber lo que sería enamorarme de una persona así.
Pues conocer a este chico fue como una montaña rusa, de esas que o te quieres bajar o te enganchas por culpa de la adrenalina. Tengo que confesar que a Flash, lo voy a llamar así, porque seguirle el ritmo no era fácil. Lo conocí en época de pandemia, cuando la única compañía que tenía era mi novela y las cuatro paredes de mi habitación. Lo que pasa que también yo durante ese tiempo estaba intentando conocer al tan famoso Fiscal del Amor, el que me ejecutó una condena de culpable, así que decidí cambiar de bando y me pasé a un ingeniero.
Los chicos ingenieros «suelen» ser centrados, organizados, responsables, amorosos. Pensé: ¿de aquí no puede salir nada malo no? Pero mi ingeniero, empezaba a construir la casa por el techo y no los cimientos. Lo que me gustó de Flash, es que era un chico de mundo. Había vivido mucho tiempo en Francia, era un chico independiente, vivía solo y también era una bomba explosiva en la cama. Ahí lo de Flash era no por la corta duración, sino por la rapidez en provocarme multiorgasmos. Además era bueno en la cocina, aún recuerdo ese arroz negro con calamares que me preparó en su casa y nuestras cenas siempre estaban acompañadas de un buen vinito, porque claro esto de haber vivido en Francia durante muchos años le daba caché a la hora de elegirlos.
Pero, lo que no sabía yo, era lo que había detrás. Hasta que un día, tuvimos una conversación en la que me dijo: <<Llegaré tarde, tengo que ir al loquero>> y mi respuesta fue <<¡Am, que vas al peluquero!>> (sí, pensé que el corrector le había jugado una mala pasada). Pero su respuesta fue: <<No, el loquero, tengo TDAH>> . Yo, ahí pensé, mierda le he mandado a cortarse el pelo. Aunque también lo necesitaba, porque llevaba una melenita extra large.
A partir de ese momento, nuestra relación fue un poco caos. Yo era prácticamente su Google Calendar, porque como iba a mil revoluciones por minuto, a mi me tocaba recordarle todas las quedadas juntos. O las veces en que su respuesta era un mes después o me respondía otra cosa. Mira, si hay algo que le agradezco, es que pude desarrollar mi paciencia como nunca, cosa que en los aries es complicado, porque somos demasiado impacientes. Aun recuerdo entre risas, el día que quedamos para comer a una hora determinada y acabamos degustando los platos gourmets dos horas después y yo tragándome una película completa en el salón de su casa. Él, adivinar que estaba haciendo. Pues limpiar la casa y con lejía, y eso que no era Damer ¡eh! y cocinar de forma compulsiva. Yo en un sofá, mirándolo con cara de circunstancias y esperando que eso lo arreglase con una maratón de polvos. No podría continuar eso bien.
Ahora es 30 de noviembre y no tengo noticias de él desde agosto. Bueno miento, la última vez que lo vi, fue en la calle, cuando me acerqué a saludarle y a él se le quedó cara de ¡tierra trágame! , a lo mejor se ha olvidado que tiene que responderme al último whatsapp que le mandé. Lo que pasa que una se ha cansado de ser un Google Calendar y de montar en montañas rusas. Otro ghosting más para mi lista de conquistas. A este paso me llaman para hacer la próxima película de Ghostbusters.