Yo, la Grinch de San Valentín

La cuenta atrás para celebrar el «día del amor» está cerquita. Este 14 de febrero me tocará estrenar bragas nuevas, pintalabios rojos y pasarme por el supermercado a por un vinito tinto, porque yo soy como decían los Estopas «como un vino tinto, que si me tomas en frío engaño, y con los años me hago más lista». Por eso voy a tener una cita conmigo misma.

Sí, formo parte del grandioso club de la soltería, pero que conste como decía Ana Millán «yo puedo estar soltera, pero no sola». Confieso que en época invernal el acompañamiento, junto a la manta, Netflix y palomitas es algo que se demanda. Pero básicamente porque el calor corporal siempre es un aliciente, yo me tengo que conformar con la manta que me cosió mi abuela hace unos años. Esas de lana gorda, que abrigan de narices. Y verme una romántica, pero no La boda de mi mejor amigo, Love actually, El diario de Noa o E.T (sí, no me digáis que la relación entre E.T y Elliot tenía un rollito raro. Y además es de las pelis con las que más he llorado en mi vida). Esta vez mi peli romanticona es Griselda, bueno mini serie en este caso. No hay nada más melodramático que unos cuantos disparos, cabezas cortadas y roneo latinoamericano.

A estas alturas acabaré como Vicenta de Aquí no hay quien viva, solo celebrando el santo de mi perro llamado Valentín. Yo lo que más disfrutaba de mi época en pareja y celebraciones de San Valentín, eran las quedadas foodies para celebrar este día. Ya que como dijo Julia Roberts, en Come, reza y ama “Estoy enamorada, tengo una relación con mi pizza” y en efecto todos me conocen lo que amo comer. Han sido de las relaciones más duraderas que he tenido en mis 36 años de mi vida. Yo he tenido muchos rollos culinarios; con una pizza, con una hamburguesa, con unas bravas, con unas croquetas, con una lasaña y podría estar rodeada de amantes infinitos.

El otro día me encontré con un artículo en el cual te recomendaban 11 regalos divertidos y nada ñoños para el día del amor. Sí, es lo que tiene este día que se asocia a romanticismo empalagoso. Y entre los que detallo los siguientes regalos:

No he encontrado la vacuna a mi transformación a Grinch de San Valentín. El invierno me provoca mal humor, noto que me ha salido bastante pelo, y no es solo el bigote. Ya no estoy pálida, más bien parezco un árbol de Asturias, porque he adquirido un color verdoso precioso. Mi alergia hacia el romanticismo sigue en aumento, el Grinch de la peli vivía en una caverna en lo alto de la montaña Crumpit, yo no vivo ahí, pero estoy a esto de pirarme.

Tinder sigue decepcionándome, aburriéndome y quitándome tiempo y espacio en mi móvil. Actualmente soy asexual o me he vuelto exclusiva, ya que solo quiero disfrutar con mi Satisfayer.