La oferta y demanda del ghosting 3.0

Pensaréis que os vengo a hablar de una película de terror de esas de la época moderna o una película de ciencia ficción. No, amigas, Neo, de Mátrix no aparece en ninguna de estas líneas. Hoy vengo a hablar de la moda puntera de este año tan fantasma que está siendo 2020. Sí , el famoso ghosting, esa práctica que está tan de moda entre mis amigos tindercitos o tinderianos, como los queráis llamar. Es la nueva tendencia del desamor en redes sociales en la que tu ilusión decide cortar de repente toda comunicación y desvanecerse de la faz de la tierra sin explicación alguna.

Esto aun así, ya se llevaba desde hace siglos ¡eh!, la de historias y libros que podría escribir sobre ello. Aún recuerdo a Patrick, sí aquel que después de emails con cartas de amor a altas horas de la madrugada, de un día para otro despareció. Fíjate que llegué a pensar que lo habían secuestrado los guerrilleros o los narcos, bien está porque estaba trabajando en México cuando nos conocimos . Pero, por más que me leí la página de sucesos de Latinoamérica, allí no apareció nada de nada. Así que opté por darme cuenta que estaba demasiado enganchada a la serie de Pablo Escobar, Narcos.

Que sí, que ahora está de moda las relaciones de usar y tirar, eso no lo niego. Pero que de pronto vayas a tu hamburguesería favorita y te digan que no hay cheeseburguer pues entederme que se te atraganta y no solo el orgullo. También tengo que confesar que yo llegué a probar esta práctica, no vía internet claro está. Yo si lo llegué a hacer fue en directo, así sin anestesia, tras una noche de muchos tequilas en la discoteca, pero ¿Esconderme tras un ordenador o tras un match? eso es solo de cobardes.

Una vez hablé con una amiga, que podría considerarla mi maestra Yoda en relaciones, sobre todo en los últimos meses. Me aconsejó como liberarte de esos fantasmas muy típicos de las apps de ligues y muy de moda actualmente. La táctica del fantasma consiste en lanzar sucesivos dardos, lo que conocemos mayormente como matchs hasta conseguir un número abultado, para poder enriquecer de ego su agenda del móvil. Una vez engordado ese ego, empiezan a escribir a su víctima, se venden como el hombre de tu vida. Hablan contigo durante semanas y semanas y vuelven a la casilla de salida. Dependerá de tu la posición de la inicial de tu nombre en el abecedario o cómo aparezcas en su agenda hasta que vuelva a escribirte guapa. Así que mi consejo si ves que no aparece en la página de sucesos algún asesinato de un joven o desaparecido, es que efectivamente te ha hecho un ghosting. Así que bórralo de tu agenda y demuéstrale que tu viste la peli de Ghostbuster (Cazafantasmas).

Lo más triste que mi último ghosting tenía una foto en Tinder con una gorra del pato Donald durante su visita a Disneyland. Todavía me arrepiento de haberle dado ese match y de haberle invitado a esas cervezas. Pero no dicen que de hostias una aprende.

Asesinato del chef

A fuego lento, así nos calientan las castañas para luego darnos la patada o hacer el famoso ghosting de forma sutil y volviendo a caer en la trampa de los <<chicos maravillosos>> que navegan vía Tinder. Álvaro era de esos chicos simpáticos, divertidos y que pintan bien, pero no es oro todo lo que reluce.

Intercambiamos Whatsapp y a la primera de cambio me quiso vender enciclopedias y alfombras. ¡Me mola tu camiseta del perfil de Tinder!, piensas << Chico observador, no solo se fija en tus tetas. ¿O quizás se imagina lo que hay debajo de la camiseta? quien sabe >>. Resulta que soy fan de las camisetas blancas con mensajes o dibujos y la de la bombilla es una de mis favoritas. Siempre pienso que cada vez que me la pongo me va a saltar alguna idea brillante, hasta ahora estoy esperando que me llegue una como a Steve Jobs o Mark Zuckerberg.

Su foto de perfil de Whatsapp no era de gatos, ni de perros. Es un clásico entre los hombres cuando quieren ligar contigo usar este tipo de fotos. Se piensan que con ello te ablandan el corazón y bueno a veces funciona ¡eh!, otra de las fotos más típicas y que puede ser un alma de doble filo, es la foto en la que aparecen con un niño. Ahí te entra el canguelo y piensas, <<puff, espero que sea su sobrino>>. Pero Álvaro no tenía ninguna de ellas, tenía una foto de un rinconcito de una de mis ciudades favoritas, Lisboa. Lo descubrí por el encanto del bar de la foto y el cartel que aparecía en portugués al lado de él.

Los que van de tímidos por la vida, son los peores, son expertos en robarte el corazón y la ilusión. Y os preguntaréis ¿por qué el asesinato del chef? Pues porque tras escribir una novela romántica, solo me quedan ganas de escribir una novela negra cuyos protagonistas serían un chef y una periodista y en los que el crimen sería el éxtasis a nuestra historia de amor. Sí, efectivamente Álvaro era chef de un restaurante. De aquella que parecía una historia bonita queda pendiente la <<supuesta quedada cervecera>> que nunca llegó, el guacamole casero que me iba a enviar vía SEUR a la fiesta de bienvenida del verano que tuve con mis amigas y los cócteles destornilladores que nos íbamos a tomar en nuestro primer encuentro.

¡Mierda me voy a quedar con ganas de protagonizar la segunda temporada de Foddie Love!