Resacas de confinamiento

No sé si es la abstinencia de alcohol o el aburrimiento, pero aquí ando escuchando Otro trago, de Sech y Darell, sí , el reggaetón del montón que utilizas para superar resacas de confinamiento y levantarte un poco el ánimo. Otro domingo más encerrada y en unas horas devoraré las calorías de una pizza familiar que pienso comprar en la esquina de casa. Mi cuerpo se tiene que estar quejando, solo le regalo aburrimiento, hidratos de carbono, chocolate en exceso y unos granos en la cara. Lo único bueno que he dejado de lado el alcohol, bueno las cervezas, pero eso ha sido más bien por culpa del frío. Ya las estoy buscando sustituto y el vino tinto cosecha del otro día está tomando posiciones. Tengo la dignidad de no quedarme en pijama y me cambio de bragas que conste, pero por mí estaría tirada en la cama, con mi pijama divino de Friends , mirando el techo de mi habitación y tragándome vídeos de Tik Tok.

Y paso que soltéis las múltiples frases de Mr. Wonderful, yo siempre he sido más de Puterful. ¡Dios mío! Y ahora mi padre acaba de salir de la habitación de mi hermano vestido con una sudadera y unas gafas negras al estilo Puff Daddy o el rapero Snoop Dogg; dice que a mi hermano no le queda y se ha encasquetado su ropa. Créeme que esa imagen no ayuda a levantar mis ánimos.

Bueno aun así tengo que confesaros que de estos momentos en mi <<apasionante>> vida, salen obras maestras, ideas y mis ganas de escribir aumentan. Tenía que tener alguna droga y esa es la escritura. Acabo de volver a ver por cuarta vez la peli Soltera codiciada, necesitaba un poquito de empoderamiento femenino y unas dosis de risas o como diría si estuviera viviendo en Perú <<quería cagarme de la risa>>. Perdón para aquellos que les ofende hablar sobre algo tan escatológico. Milagro es que no me de por pasarme por alguna peluquería cercana a casa y me corte el pelo, por el simple hecho de que pensamos que con aquello solucionamos todo y nos transformamos en una nueva persona. Llegué a leer una vez que en Internet había nacido un movimiento bajo el hashtag #breakuphair , personas con el corazón roto (yo ni siquiera lo tengo) que habían decidido cambiar de imagen. Yo si lo hubiera hecho sería por el aburrimiento, que es más triste todavía.

Fíjate que hasta la nostalgia de los 90 ha hecho mecha estos días, pero no a los momentos, sino al Tamatgochi, a la flauta ( yo fui capaz de aprenderme la de Titanic), al Messenger, al Tuenti, al Emule, a los tazos, al Alcatel One Touch Easy y al Nokia 3310. Que malas son las resacas de confinamiento, menos mal que siempre agradeceré a Idilia Fods, en concreto a su Nocilla, por regalarme dosis de endorfina.

Firmado:

Reclusa número 69, cárcel Alcobendas.

Dieta básica: Comida de mami, aperitivos de la zona, pizza y churros comprados al lado de casa.

Interacción social: Nivel 0

Satisfayer: Por debajo del 20% ( A punto de acabársele las pilas)

El chico del fuet

Acabo de levantarme con una resaca de narices, puede que sea por mi afán por liarla o por los litros de cerveza que tengo ahora mismo en mi cuerpo. Eso, y los malditos chupitos de tequila que por obra y gracia acabaron también dentro de mí ayer por la noche.

Os preguntaréis ¿Por qué el chico del fuet? como nuevo capítulo de mi vida y no, no tiene nada que ver con un miembro viril, ni con mi lista de la compra. Todo ocurre por el simple hecho, que acabé bajo las sábanas de un actor y precisamente no de películas de James Bond, sino más bien de una marca popular de alimentación, pero que está rica ¡eh!, de eso doy fe. Y él perfectamente sabe que podría haber protagonizado el videoclip Sexy And I Know It, de los grandísimos LMFAO. A falta de discoteca, confieso que acabo de ponerme esta canción en unos decibelios considerables y estoy dándolo todo, a la vez que intento escribir.

Pues resulta que a pesar de tener una vida amorosa, en su mayoría desastrosa, los hombres que forman parte de ella son interesantes, eso no lo voy a negar y gracias a ellos, puede que me convierta en una escritora millenial, de esas que triunfan antes de los 25. Aunque bueno en mi caso tendría que ser antes de los 35. Si el niño no llega (cosa que es muy difícil, a no ser que sea del Espíritu Santo), pues que mi bebé sea un best seller, de esos que te marcan y me resuelva mi inestable, también vida laboral.

La historia con el chico del fuet, se inició en nuestro rinconcito favorito de la Latina, el bar de Marco (no es el nombre, pero nosotras lo hemos bautizado así) . 5 años en los que se convirtió en nuestra familia de cerves y pizzas argentinas de vicio. Allí siempre acabamos nosotras; tenemos zona VIP, karaoke, música a nuestra elección, cerveza a tutiplén y un balcón a lo Romeo y Julieta. Am! y sobre todas las cosas, tenemos la paciencia de Marco.

Esa noche todo empezó light, como de costumbre. Conversaciones interesantes con las chicas, muchas risas, muchos bailes, música a tope y cuando nos dimos cuenta, la mesa se había llenado de botes de Mahou, Estrella Galicia y Alhambra. Porque para maestras cerveceras, nosotras. Pues un grupito de chavales se asomó a saludarnos, entre ellos estaba el chico del fuet, al que observé como trasteaba en su Tinder, en busca de matchs. Es ahí cuando entré en acción y le aconsejé << ésta sí, ésta no, yo creo que no te pega>>. Claro imaginaros la cara de él, esta chiquilla de 1,53 a qué viene a decirme esto, pero a cambio recibí unas risas y conversación. Por otro lado nuestra soprano favorita seguía deleitando al personal con sus mejores éxitos. Tenemos una amiga artista, cantante de ópera, que ansiamos que la fichen Los Javis o Pedro Almodóvar para un reality, estamos seguras que en unos años lo conseguiremos. Ese día era el día del tequila, y claro yo que me he convertido en una foodie le pedí a Marco que nos regalara unos chupitos. Él nos ama muchísimo, porque pese a vernos ya demasiado felices, nos invitó a unos.

En época de coronavirus los bares cierran pronto, y si pasa eso toca trasladar la fiesta a una casa y allí acabamos mis amigas y yo en la casa del chico del fuet. Podríamos decir que todos podíamos haber protagonizado un capítulo de Paquita Salas; era un escenario idílico, barrio castizo de Madrid, cervezas de por medio, historias surrealistas, amigos extraños y sobre todo por la camisa de leopardo que llevaba el chico del fuet. No suelen atraerme chicos de su fisionomía y con barba desaliñada (por muy de barbas que sea), pero la camisa fue la clave para enamorarme. Estaba claro que feeling había, yo creo que tengo fijación por mentes creativas o artistas de barrio y él lo era. Como diría me hizo el amor con la mente, con su conversación y con esa intelectualidad que me transmitió mientras hablábamos. Bueno y por culpa de los besos que nos dimos también, eso es algo lógico. Yo creo que me fichó como «candidata a su corazón» por el hecho de que me vio posible alumna de su compañía de teatro, él era director de teatro y profesor de una escuela, si es que tengo demasiada labia en esto de la escena de calle.

Aun así todo se quedó en una noche intensa y divertida de sexo, ¡am! y en una nota: <<LLÁMAME CUANDO QUIERAS, FUE UNA NOCHE GENIAL.MI NÚMERO ES XXXXXXXXX >> y ya está. Unos días después estaba dándole al play en Youtube y viendo su desparpajo frente a la cámara y me pareció tierno, muy tierno.