¿Sabes de esos momentos en los que abrazas a una persona y quieres que se pare el mundo? Pues sí amigas, hoy ha sido el día de rememorar esos grandes recuerdos . Una tarde llena de emociones, risas, confidencias, besos y pinchos que no tienen que envidiar a los del propio San Sebastián o Bilbao.
Y os preguntaréis ¿El chico de Baden-Baden? Sí, fue el día que me volví a reencontrar con un ex amor, con un ex heavy y con un ex melenas. Y hablo todo en pasado porque ahora es un amigo que vive en uno de los rincones más bonitos de la Selva Negra de Alemania. Según lo denominan Baden-Baden es una de las ciudades más refinadas y elegantes, que el siglo XIX atrajo a la alta burguesía y sigue siendo el lugar preferido de vacaciones para mucha gente de gran poder adquisitivo. Pero mi amigo que yo sepa sigue yendo en bici a trabajar, así que no sé que de verdad tendrá esto. No sé si es porque mi amigo es un deportista en potencia o que se guarda las perras para vicios que desconozco. Eso se quedará en una duda existencial.
Pues retomando a la historia habían pasado 6 años sin vernos y fue tan bonito el reencuentro que cuando nos abrazamos creo que estuvo a punto de estrujarme los huesos, o es que mi avanzada edad ya se iba notando en mi cuerpo de 32 años. Como os decía fue bonito, sí él era el chico por el que tenía el corazón latiendo sin parar antes de conocer a mi ex con el que estuve saliendo 5 años. Lo que pasa que Alemania fue la culpable de nuestra separación, eso y una oportunidad para un ingeniero en plena crisis española. Me confesó que las redes sociales le habían chivado toda mi vida, sí a veces soy demasiado exhibicionista, que se le va a hacer, todavía estoy esperando que Pedro Almodóvar me de un papel en una de sus pelis o Paquita Salas le de por cotillear mi instagram y vea tremendo diamante en bruto.Pero hasta ahora solo me queda conformarme con intentar chupar cámara en los vídeos o stories de mis amigas. El llegar a Quentin Tarantino es algo ya como el edén para mí. Pues eso, que me disperso, mi amigo era un antiguo rollito, pero no de primavera, de esos que enganchaban demasiado. Nuestra diferencia de edad no complicaba la cosa puesto que eso era lo que más me atraía de él, su madurez y bueno lo confieso que era una máquina sexual.
Tras pasar por “Decartón” así denomina él a Decathlon, sí no os decía que era un chico deportista, decidimos decantarnos por un restaurante donde los pinchos vascos estaban de vicio.No paramos de recordar viejos tiempos, de reírnos con las historias de su “Mordor”, así denomina él a Baden-Baden. ¿El por qué?, según él en sus 140 kilómetros por metro cuadrado no hay alemanas guapas, sino más bien orcos de mordor, no lo podré comprobar hasta no visitarlo. Hubo besos, lo confieso, no dicen que donde hubo fuego, cenizas quedan. Su visita a Madrid fue relámpago, pero una bocanada de aire para mi deprimente vida amorosa. Tenemos pendiente una próxima quedada, pues tengo ganas de ir a Alemania, además no dicen que en su día Baden-Baden fue una ciudad reservada para princesas, toca ir para mantener intacta la elegancia y belleza que la hicieron famosa.
¿Recordáis algún ex amor que os haya marcado?