Sheldon y su hamburguesa sin patatas fritas

Hoy estoy perezosa, tanto que por no levantarme a por la goma del pelo, acabo de coger el lápiz que tengo sobre la mesa y me he plantado un moño, ¡tan divina!, como diría mi mejor amiga colombiana. Solo os aviso que la historia de hoy viene cargada de frikismo, ya sabemos que mi relación amor – odio con Tinder nunca me deja indiferente y siempre me trae individuos que pueden formar parte de la saga X-Men, aunque esta vez el capítulo que iba a protagonizar era más cercano a uno de Bing Bang Theory.

Llevaba semanas hablando con Javi, un chico de los que no hay y de los que puedes guardar en un frasco como especie en extinción para analizar. Yo creo que lo que más me llamó la atención fue su primera presentación: HOLA ME GUSTA LA GENTE SIN TORNILLO, y claro yo tengo ya muchos atrofiados o los que tengo necesitan una dosis de aceite. Así que pensé, éste es de los míos. Puede que a simple vista pareciese un poco pretencioso, su presentación como estudiante de doctorado de inteligencia artificial, su 1,90 metros y su sonrisa bonita. Suena a buen partido ¿no?, pero de un ingeniero nunca puedes fiarte, me he ido dando cuenta con el paso de los años. Y allí estaba yo, una periodista en paro, sin doctorado, con mi 1,53 metros, que estaba más a años luz de él, que cerca y no lo digo por la altura, que también. Lo único que compartíamos era nuestra bonita sonrisa y una miopía de cuidado.

Lo nuestro fue una merienda, me cayó muy bien al verlo, pensé << no me voy a aburrir, por lo menos será una tarde entretenida>>, total es esto o tragarme el Sálvame o la telenovela turca de Divinity. Así que me decanté por lo primero. Por lo visto el chiquillo no había comido, decía que se iba a comer la mesa del hambre que tenía (claro, es lo que tiene una noche de sexo larga, después lo entenderéis). Lo primero que hizo, fue sentarse a la mesa y pedir una hamburguesa, yo pensé << Olé, es de los chicos que se deja llevar por sus instintos y no cuenta calorías. Me gusta>>. <<Perfecto tendré patatas gratis y le robaré alguna>>, pero cuando la camarera le fue a tomar nota <<¿con patatas fritas no?>>, él respondió <<¡no!, con ensalada y por favor un vaso de agua>>. A lo que la camarera sacó su vena cómica tras la mascarilla y le dijo <<Y eso que venías con hambre>>. Yo como experta en suspender los instantes incómodos, dije rápidamente <<¡también una cerve!, por supuesto era para mí. El alcohol siempre ayuda, quieras o no, para que la guerra fría de una primera cita no se apodere de ese momento incómodo.

Le miré con condescendencia, no es que esté en contra de la gente que se cuide, para nada. Pero brindar, mirando a los ojos con un vaso de agua no es lo mío. Me dijo: << es que soy un realfooder, ¿sabes lo qué es eso? >>. En mi vida siempre me dijeron que soy demasiado expresiva con la cara, creo que se dio cuenta perfectamente que eso sobraba. Se notaba que yo no lo era por lo que veo. La conversación fue amena, la verdad que no me aburrí, me pareció un chico muy interesante. Así que compensaba que sobre la mesa no hubiese patatas fritas. Me contó que era muy tímido con las mujeres y que seguía visitando a su psicóloga para arreglar ese problema. A mí no me lo parecía la verdad, le vi muy suelto. También me confesó que era un consumidor nato de tutoriales y videos de seducción, yo le dije que por mucho que lo hiciera, el amor no tiene una fórmula matemática perfecta.

Podríamos decir que nuestra cita fue un taller, me habló de tips de cómo comportarme en una cita. Tenía delante a un <<Sheldon del amor>>, porque me confesó, algo que no pensé que lo haría la primera cita, que tuvo síndrome de asperger. Aquello llegó a convertirse en una conferencia de superación, más que una cita. En el que por supuesto yo era la psicóloga y Javi mi paciente. Me gustó que se abriera, pero creo que fue demasiada información para procesar el primer día. Nos despedimos y se supone que teníamos pendientes unas cervezas artesanales (esas que finalmente voy a tomar con mi hermana, ¡y tan feliz eh!). A los días me escribió diciéndome que si recordaba que me había dicho que había dormido la noche anterior en que quedamos con una chica y que la estaba conociendo y que les iba todo genial, que quería centrarse en ella. Algo muy complicado en los hombres, centrarse en una persona. Recordar el <<ego de agenda>>, cuantas más chicas en el móvil, ego más grande.

Vamos que tenía a su Penny , yo de lo que dice él que me dijo, o tengo alzheimer o se lo ha inventado. Porque, que yo sepa no mencionó a ninguna de sus amantes. Lo más gracioso, que quería coleccionarme como amiga. << No bonito, amigos tengo muchos y no necesito más >> , ahora entiendo porque le faltaba ese tornillo y porque llegó hambriento, tras esa noche de pasión con la susodicha.

Y aquí sigo (con Carla Morrison de fondo, os la recomiendo), mientras él sigue contando calorías, yo sigo comiéndome la vida. Por cierto voy a prepararme una hamburguesa con patatas fritas 😉

El embrujo de Penélope

Las luces  y el sonido de los altavoces iluminaban la zona cercana al puerto. Era el último día en el campamento de verano y Penélope estaba resplandeciente. Brillaba  en esa noche tan especial y llevaba su pelo suelto, salvaje y un vestido blanco que transparentaba a la luz de la luna sus pechos, pequeños pero sensuales. La joven paseaba por el puerto y las miradas electrizantes de otros hombres recorrían su cuerpo. Ella distaba de esto, porque era un alma libre, que amaba por encima de todo vivir al límite. Nació en Francia, pero creció en las playas de Tarifa y ese carácter andaluz lo llevaba en el ADN.

Era la diosa de las aventuras y esa noche tenía una cita con aquel desconocido al que había conocido a través de las múltiples aplicaciones a las que he bautizado como <<solucionadoras exprés de vidas amorosas>>. Penélope había tenido una conversación gourmet con Adam, algo poco común con los chicos que iba conociendo a través de las apps de ligues. Pero, lo que más le atraía, es que era un completo desconocido para ella. En el perfil de él no aparecían sus fotos, solo imágenes de frases de Benedetti y claro eso había llamado la atención de la joven. Porque si hablamos de amor es esencial pensar en este escritor.

La única premisa de la cita, era que ambos debían llevar una máscara puesta, Penélope era de esas mujeres que amaban el enigma por encima de todo. Pero, esta vez no era por elección propia, su máscara era fruto de un accidente que tuvo con su padre a los cinco años en una embarcación llegando al puerto, que le había desfigurado parte de su rostro. En sus fotos siempre aparecía con ella puesta, aun así los hombres siempre escribían, ¿Sería el morbo a lo desconocido, el morbo a saber que habría tras esa máscara?

Cuando la luna iluminaba la playa, Penélope sintió una electricidad por su cuerpo y un deseo incontrolable de acercarse y fundirse en un abrazo con aquel desconocido. Adam, aparcó la moto y caminó hacia ella. Se produjo el encuentro de las máscaras, aun así Penélope pudo apreciar que era un hombre alto, fuerte, con barba y las canas reflejaban su edad y su paso agitado por la vida. El perfecto desconocido se quedó sin palabras, pero el deseo por perderse en ese cuerpo y llegar al clímax empezó a acomodarse en su mente. Parecía que el embrujo de Penélope empezaba a hacer efecto. Adam se acercó a ella y le dijo al oído que tenía una casa al lado de la playa, con unas vistas al puerto increíbles. El brillo en los ojos de aquella joven le había cautivado. Adam decía que el amor y la pasión no estaban reñidos a la edad. Penélope era la prueba de esto, con sus dulces 26 años no entendía de edades, solo amaba a personas.

Aquel hombre, con su sutileza cogió a Penélope por el brazo y la elevó al cielo con un beso apasionado, la atrajo hacia él y le mostró las vistas desde la ventana de su habitación. La fuerza de las olas y el olor a hombre, humedecieron a Penélope quien enloquecía con los besos de Adam. Sabía cómo guiar su lengua por el cuerpo de la joven, lentamente y erizando cada poro y rincón de la pálida piel de Penélope. Finalmente cayeron rendidos en la cama y empezó una lucha salvaje entre ambos, una lucha apasionada. Adam follaba a Penélope no solo con deseo, sino con verdad, los gemidos de la joven se convirtieron en un eco que oían los pescadores cercanos al acantilado. Ambos habían perdido el concepto de espacio temporal.

Los amantes se vieron deslumbrados con el sol que entraba por la ventana, sin darse cuenta que había amanecido y habían agotado todas sus fuerzas. Penélope se vistió con su vestido blanco transparente, la ropa interior quedó en poder de Adam, como un trofeo de guerra. Le dio un beso en la frente a Adam que seguía plácidamente dormido en la cama y se marchó de la habitación, como ella quería como un alma blanca, como un alma libre.

Pablo Piñeiro: «Creo que el amor nunca se va a poder convertir en algo banal»

Interpretar y escribir, son los pilares de Pablo Piñeiro Taboada. Pero, este joven gallego polifacético también es modelo, personal trainner y conocedor del universo del amor.

Le conocimos a través de su libro << Lo positivo de fracasar en el amor>> , un libro que habla sobre los fracasos amorosos repasando los suyos y explicando formas y estrategias para aprender tras el fin de una relación. Un libro que surgió a raíz de la escucha de historias de amor gratis en la calle, recorriendo todo el territorio español con un cartel, una grabadora, ilusión y mucha actitud.

Pablo Piñeiro, escuchando historias de amor en plena calle Fuencarral

P: Recientemente ¿En que proyectos estás involucrado?

R: Acabé de rodar la semana pasada la segunda temporada de “El vecino”, estoy escribiendo nuevos libros y estos espero que vean la luz en 2021.

P: ¿A qué te dedicas?

R: Independientemente de ser actor y escritor, trabajo regularmente como entrenador de Fitboxing.

P: ¿Cómo ves el presente?

R: Lo veo lleno de cambios que para mí son muy desagradables ya que influyen en el trato con las personas y como este se ve muy limitado en lo que a contacto se refiere, soy muy fan de abrazar y a día de hoy no es fácil.

P: ¿ Qué piensas qué es más importante estar enamorado de la vida o de uno mismo?

R: Creo que ambos procesos son importantes, incluso casi diría que son inseparables, uno no creo que fuese posible sin el otro y viceversa.

P: ¿Cómo surgió la iniciativa de escuchar historias de amor en plena calle?

R: Viendo una imagen de otra persona que lo hacía en una página de memes, me inspiró y decidí ver como respondería la gente de mi contexto social a una iniciativa así.

P: ¿Cuál es la historia que más te ha marcado?

R: Muchas, pero tal vez la de un niño de 10 años que me regalaba su vulnerabilidad al contarme como lo habían humillado en el colegio al mostrar su amor.

P: ¿Qué mensaje quieres transmitir con tu libro << Lo positivo de fracasar en el amor>>?

R: Me gustaría que la gente se parase a pensar en si el sistema relacional que sigue, le hace feliz y mostrar que no pasa nada por vaciar la mochila de todo lo construido desde la niñez, por la sociedad y tu contexto para llenarla con lo que a uno le apetezca.

P: Esta pandemia nos ha llevado a echar mucho de menos los besos y los abrazos ¿ En cierta medida piensas que estar en cuarentena nos ha permitido a aprender a amar mejor?

R: Lo pienso sin duda y a encontrar valor en las cosas que realmente lo tienen y no en lo material, que hemos visto claramente como no nos sirvió de nada en una situación así, nadie echo de menos a su Mercedes, solo se echo de menos a personas…

P: ¿Cómo elegimos a nuestras parejas en el siglo XXI?

R: De muchas maneras, pero creo que una que va a ganar muchísimo terreno y más con toda esta situación marcada por la pandemia, va a ser todo lo que tenga de ver con las redes sociales.Las seguimos eligiendo muy a mi pesar en relación al estatus que le aporta a la persona que busca, el físico de la otra persona o su condición social, más que por actitud, que es lo que realmente te va a hacer feliz de otro ser humano.

P: ¿Buscamos algo más allá del físico?

R: Deberíamos , pero de primeras sigue primando el físico, y el químico que nos hace querer tener algo con esa persona, pero si no construimos más allá de eso en una relación, esta abocada al fracaso.

P: ¿Piensas que el amor se ha convertido en algo más egoísta, de usar y tirar?

R: Creo que el amor nunca se va a poder convertir en algo banal, pero si la construcción social de este según una estructura social capitalista, pero insisto eso no es lo que yo denomino amor, en mi percepción de este solo caben los cuidados por lo que amas y te hace feliz.

P: ¿Cómo deberíamos trabajar el amor para que no se pierda esa chispa de los primeros años?

R: Desde la comunicación sincera y de calidad, el respeto, la tolerancia, el cariño y la admiración por las personas con las que te relacionas.

P: ¿Existe una fórmula mágica en el amor?

R: No lo creo. Cada ser humano es único y totalmente libre de interpretar este concepto como le plazca. Lo que para mí puede ser una fórmula mágica para ti puede ser una pesadilla.

P: Si es así ¿Cuáles serían los ingredientes?

R: Para mi serían lo que te comenté en la pregunta de como no perder la chispa.

P: Cuéntame cuál es tu historia de amor favorita (cine, historia, literatura o la vida real…)

R: No tengo favoritas la verdad, pero me gusta mucho la de amor hacia uno mismo de la película “El ladrón de orquídeas”

“Apasionarse por algo, de esa forma se esculpe el mundo a un tamaño más manejable.”

MERYL STREEP – Susan Orlean

(El ladrón de orquídeas