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La sentencia del fiscal del amor

Ya no solo la pandemia nos va a volver locos a todos, el estrés laboral es el culpable de los quebraderos de cabeza, de las peleas en casa y de las rupturas amorosas. Precisamente esa fue la excusa por la cual el fiscal me dejó <<respecto a conocernos, la verdad que no me veo predisposición por mi parte. Llevo mucho estrés y la verdad, ya lo viste el último día que no estoy en lo que tengo que estar y no quiero hacer perder el tiempo a nadie…>>, me dijo.

A mi parecer fue una excusa barata para dejar de formar parte de mi coranzoncito. Se unía a mi múltiple lista de fracasos amorosos, yo me veía asegurada de por vida. No todos los días se conoce a un fiscal, pero claro era demasiado perfecta nuestra historia como para ser verdad. Pero, lo más gracioso de nuestra historia fue la forma que nos conocimos. Os resumo, en estas breves líneas de mi mes de febrero, el mes del amor y de nuestra corta, pero intensa historia.

Al fiscal lo conocí mientras devoraba unas tostadas de aceite de oliva y tomate y desayunaba frente al hospital en el que le hacían unas pruebas a mi madre. Al ver tanto médico interesante por la zona, decidí abrir Tinder y ver si el radar me regalaba un cardiólogo en mi vida. Pues resulta que me regaló un fiscal, un valenciano que llevaba tan solo diez días en Madrid y que buscaba gente para que le enseñara la ciudad. Y claro aquí estoy yo como buena samaritana para hacer sus deseos realidad. Finalmente acabamos hablando un montón, intercambiando recetas de comida, vacilándonos y programando una próxima quedada, lo que pasa que él no sabía que aquella futura cita iba a tener que compartirla con mi madre.

Sí, el día que nos conocimos que iba a ser un día muy tranquilito, acabó con una invitación por su parte a la mesa donde tomábamos unas cervezas, a mi queridísima madre. Al final la primera cita con mi crush y con mi madre ¿Qué os parece? No podía ser un psicópata porque trabajaba para la ley, pero me pareció tan raro que un chico me dijera: <<Si quieres dile a tu madre que se apunte también con nosotros>> y al rato le esté hablando de su abuelo, de Valencia, de las paellas, de su familia y que le diga <<A tu hija me la llevo a Valencia>>. Estas cosas solo me pasan a mí.

Pues por lo visto no fue mal, a él le gusté y mucho, no solo físicamente, sino también mi rollito y que soy muy divertida. Una no puede ser tan irresistible para los hombres porque luego tiene quebraderos de cabeza. En nuestra segunda cita ya no había madres de por medio, solo unas croquetas de vicio y mucho alcohol. Nos recorrimos todos los bares de la Latina, bebiendo vermuts, cervezas, vinos tintos y blancos y dejando sin existencias de comida a los restaurantes. Parecía la ruta de la tapa y yo solo quería comérmelo a él. Pero el culpable de todo fue el gin tonic y resulta que acabamos en un hotel, yo con un chichón en la cabeza porque me estampé contra la puerta del local de copas y la tarde culminó solo con sexo oral.

Creo que esa era la penitencia y el precursor del final de nuestra historia. La tercera cita fue una conversación entre un psicólogo y su paciente. Evidentemente él es el paciente y yo la psicóloga, su diagnóstico: estrés laboral, él pensando en sus cosas, pasando de mis besos y marcando las distancias. Yo, volviéndome a pillar e idealizando otra vez a un fuckin hombre en mi vida, volviendo a darme la hostia y volviendo a creer que por fin llegaba el definitivo.

Mi sentencia: Culpable.

El abogado enigmático

<< ¿Pero quién de fuera? Es que claro, como este chico habla enigmático… ¿Pero y dónde se ha metido Jorge Javier? >>, la conversación entre Adara y Joao fue historia de la televisión. De aquí puedo sacar algo claro que yo también me topé con un chico enigmático. No tenía pensado en meterle a formar parte de mi saga Amor en tiempos de Tinder, pero es inevitable no hacerlo porque le conocí por allí.

Es abogado y yo pensé ¡bien alguien que me podrá sacar de la cárcel! No es que frecuente la cárcel, pero mira a Bridget Jones sin querer acabó en una celda con miles de asiáticas, sus bragas gigantes (yo confieso que algunas así tengo), tabaco en vena y yo no tenía wonderbras para regalar a las presas.

Empezó siendo el chico de las poesías y no me refiero a protagonizar la canción de Romeo Santos. Nuestra «relación» se resumió básicamente en dos citas, en parte porque Illa, el ministro de sanidad, pretendió que lo nuestro no funcionara. En época de pandemia es un caos poder conocer a un hombre y eso nos afectó, está claro. No sé si lo nuestro hubiera funcionado, nuestras quedadas molaban, pero como iba a conocer a un chico en condiciones un año de mierda, si el resto de años tampoco lo había conseguido, era demasiado lotería y este año además no la he jugado.

Lo único que me llevo de nuestras quedadas son unos kilos de más. Nuestras citas se basaron en cenas en bares y restaurantes de Madrid y en cada cita no aumentó nuestro enamoramiento, fueron nuestras kilocalorías. En la primera cita se vino arriba con una ración extra de fingers de pollo y patatas en el Goiko Grill. Menos mal que esa noche llevaba falda, porque te juro que si llego a ponerme mis Levis favoritos, los pantalones no me cierran. Él era un chico alto y podría disimular perfectamente unos kilos de más, pero yo con mi estatura Minion lo tengo demasiado complicado.

En nuestra segunda cita no tuvimos mucho tiempo para comer porque nos convertimos prácticamente en sommeliers de cervezas. De esos pedos en condiciones, donde filosofamos sobre la vida entre IPAS, Lagers y Pale Ales. Que risas nos pegamos y que «divertido» fue ver la cuenta final . Pero bueno la vida está para vivir el presente y si se vive así, ¿por qué no? así que me llevo una noche de muchas risas y cervezas a su lado. Allá él que se pierde salir con una auténtica foodie.

Me gustó conocerle, lo noté desde la primera cita. Lo que más me llamó la atención de él era lo peculiar que era, lo místico y esa sonrisa de pillo que me tenía enganchada. Y su energía, que la verdad que era una de las más bonitas que conocí. Él también me dijo que le gustaba la mía, pero seguro que lo hizo para fardar un poquito de misterioso. No soy mucho de horóscopos, pero confieso que llegué a buscar nuestra compatibilidad. La verdad que no salimos muy bien parados; Él, piscis, signo de agua y yo Aries, signo de fuego. Vamos que me ha apagado y se ha esfumado, tanto que hasta ha desaparecido. Me di cuenta que el chico Piscis es un poco complicado porque, aunque de primeras parezca un romántico de la vida, luego su corazón es más difícil de lo que parece a primeras. Y todo esto unido a que en su mente sucede un mundo paralelo, el mundo de sus sueños.

Así que nada chiquillo te recomiendo que cambies la táctica del orbiting , los likes y los simples mensajes navideños y me llames para tomarnos unas cerves, aunque viendo el percal y que ya entramos en enero y hace un frío de narices. Prefiero una de chocolate con churros. Ahí te dejo el mensajito, allá decides tú si aceptarlo.

El chico del fuet

Acabo de levantarme con una resaca de narices, puede que sea por mi afán por liarla o por los litros de cerveza que tengo ahora mismo en mi cuerpo. Eso, y los malditos chupitos de tequila que por obra y gracia acabaron también dentro de mí ayer por la noche.

Os preguntaréis ¿Por qué el chico del fuet? como nuevo capítulo de mi vida y no, no tiene nada que ver con un miembro viril, ni con mi lista de la compra. Todo ocurre por el simple hecho, que acabé bajo las sábanas de un actor y precisamente no de películas de James Bond, sino más bien de una marca popular de alimentación, pero que está rica ¡eh!, de eso doy fe. Y él perfectamente sabe que podría haber protagonizado el videoclip Sexy And I Know It, de los grandísimos LMFAO. A falta de discoteca, confieso que acabo de ponerme esta canción en unos decibelios considerables y estoy dándolo todo, a la vez que intento escribir.

Pues resulta que a pesar de tener una vida amorosa, en su mayoría desastrosa, los hombres que forman parte de ella son interesantes, eso no lo voy a negar y gracias a ellos, puede que me convierta en una escritora millenial, de esas que triunfan antes de los 25. Aunque bueno en mi caso tendría que ser antes de los 35. Si el niño no llega (cosa que es muy difícil, a no ser que sea del Espíritu Santo), pues que mi bebé sea un best seller, de esos que te marcan y me resuelva mi inestable, también vida laboral.

La historia con el chico del fuet, se inició en nuestro rinconcito favorito de la Latina, el bar de Marco (no es el nombre, pero nosotras lo hemos bautizado así) . 5 años en los que se convirtió en nuestra familia de cerves y pizzas argentinas de vicio. Allí siempre acabamos nosotras; tenemos zona VIP, karaoke, música a nuestra elección, cerveza a tutiplén y un balcón a lo Romeo y Julieta. Am! y sobre todas las cosas, tenemos la paciencia de Marco.

Esa noche todo empezó light, como de costumbre. Conversaciones interesantes con las chicas, muchas risas, muchos bailes, música a tope y cuando nos dimos cuenta, la mesa se había llenado de botes de Mahou, Estrella Galicia y Alhambra. Porque para maestras cerveceras, nosotras. Pues un grupito de chavales se asomó a saludarnos, entre ellos estaba el chico del fuet, al que observé como trasteaba en su Tinder, en busca de matchs. Es ahí cuando entré en acción y le aconsejé << ésta sí, ésta no, yo creo que no te pega>>. Claro imaginaros la cara de él, esta chiquilla de 1,53 a qué viene a decirme esto, pero a cambio recibí unas risas y conversación. Por otro lado nuestra soprano favorita seguía deleitando al personal con sus mejores éxitos. Tenemos una amiga artista, cantante de ópera, que ansiamos que la fichen Los Javis o Pedro Almodóvar para un reality, estamos seguras que en unos años lo conseguiremos. Ese día era el día del tequila, y claro yo que me he convertido en una foodie le pedí a Marco que nos regalara unos chupitos. Él nos ama muchísimo, porque pese a vernos ya demasiado felices, nos invitó a unos.

En época de coronavirus los bares cierran pronto, y si pasa eso toca trasladar la fiesta a una casa y allí acabamos mis amigas y yo en la casa del chico del fuet. Podríamos decir que todos podíamos haber protagonizado un capítulo de Paquita Salas; era un escenario idílico, barrio castizo de Madrid, cervezas de por medio, historias surrealistas, amigos extraños y sobre todo por la camisa de leopardo que llevaba el chico del fuet. No suelen atraerme chicos de su fisionomía y con barba desaliñada (por muy de barbas que sea), pero la camisa fue la clave para enamorarme. Estaba claro que feeling había, yo creo que tengo fijación por mentes creativas o artistas de barrio y él lo era. Como diría me hizo el amor con la mente, con su conversación y con esa intelectualidad que me transmitió mientras hablábamos. Bueno y por culpa de los besos que nos dimos también, eso es algo lógico. Yo creo que me fichó como «candidata a su corazón» por el hecho de que me vio posible alumna de su compañía de teatro, él era director de teatro y profesor de una escuela, si es que tengo demasiada labia en esto de la escena de calle.

Aun así todo se quedó en una noche intensa y divertida de sexo, ¡am! y en una nota: <<LLÁMAME CUANDO QUIERAS, FUE UNA NOCHE GENIAL.MI NÚMERO ES XXXXXXXXX >> y ya está. Unos días después estaba dándole al play en Youtube y viendo su desparpajo frente a la cámara y me pareció tierno, muy tierno.

Sheldon y su hamburguesa sin patatas fritas

Hoy estoy perezosa, tanto que por no levantarme a por la goma del pelo, acabo de coger el lápiz que tengo sobre la mesa y me he plantado un moño, ¡tan divina!, como diría mi mejor amiga colombiana. Solo os aviso que la historia de hoy viene cargada de frikismo, ya sabemos que mi relación amor – odio con Tinder nunca me deja indiferente y siempre me trae individuos que pueden formar parte de la saga X-Men, aunque esta vez el capítulo que iba a protagonizar era más cercano a uno de Bing Bang Theory.

Llevaba semanas hablando con Javi, un chico de los que no hay y de los que puedes guardar en un frasco como especie en extinción para analizar. Yo creo que lo que más me llamó la atención fue su primera presentación: HOLA ME GUSTA LA GENTE SIN TORNILLO, y claro yo tengo ya muchos atrofiados o los que tengo necesitan una dosis de aceite. Así que pensé, éste es de los míos. Puede que a simple vista pareciese un poco pretencioso, su presentación como estudiante de doctorado de inteligencia artificial, su 1,90 metros y su sonrisa bonita. Suena a buen partido ¿no?, pero de un ingeniero nunca puedes fiarte, me he ido dando cuenta con el paso de los años. Y allí estaba yo, una periodista en paro, sin doctorado, con mi 1,53 metros, que estaba más a años luz de él, que cerca y no lo digo por la altura, que también. Lo único que compartíamos era nuestra bonita sonrisa y una miopía de cuidado.

Lo nuestro fue una merienda, me cayó muy bien al verlo, pensé << no me voy a aburrir, por lo menos será una tarde entretenida>>, total es esto o tragarme el Sálvame o la telenovela turca de Divinity. Así que me decanté por lo primero. Por lo visto el chiquillo no había comido, decía que se iba a comer la mesa del hambre que tenía (claro, es lo que tiene una noche de sexo larga, después lo entenderéis). Lo primero que hizo, fue sentarse a la mesa y pedir una hamburguesa, yo pensé << Olé, es de los chicos que se deja llevar por sus instintos y no cuenta calorías. Me gusta>>. <<Perfecto tendré patatas gratis y le robaré alguna>>, pero cuando la camarera le fue a tomar nota <<¿con patatas fritas no?>>, él respondió <<¡no!, con ensalada y por favor un vaso de agua>>. A lo que la camarera sacó su vena cómica tras la mascarilla y le dijo <<Y eso que venías con hambre>>. Yo como experta en suspender los instantes incómodos, dije rápidamente <<¡también una cerve!, por supuesto era para mí. El alcohol siempre ayuda, quieras o no, para que la guerra fría de una primera cita no se apodere de ese momento incómodo.

Le miré con condescendencia, no es que esté en contra de la gente que se cuide, para nada. Pero brindar, mirando a los ojos con un vaso de agua no es lo mío. Me dijo: << es que soy un realfooder, ¿sabes lo qué es eso? >>. En mi vida siempre me dijeron que soy demasiado expresiva con la cara, creo que se dio cuenta perfectamente que eso sobraba. Se notaba que yo no lo era por lo que veo. La conversación fue amena, la verdad que no me aburrí, me pareció un chico muy interesante. Así que compensaba que sobre la mesa no hubiese patatas fritas. Me contó que era muy tímido con las mujeres y que seguía visitando a su psicóloga para arreglar ese problema. A mí no me lo parecía la verdad, le vi muy suelto. También me confesó que era un consumidor nato de tutoriales y videos de seducción, yo le dije que por mucho que lo hiciera, el amor no tiene una fórmula matemática perfecta.

Podríamos decir que nuestra cita fue un taller, me habló de tips de cómo comportarme en una cita. Tenía delante a un <<Sheldon del amor>>, porque me confesó, algo que no pensé que lo haría la primera cita, que tuvo síndrome de asperger. Aquello llegó a convertirse en una conferencia de superación, más que una cita. En el que por supuesto yo era la psicóloga y Javi mi paciente. Me gustó que se abriera, pero creo que fue demasiada información para procesar el primer día. Nos despedimos y se supone que teníamos pendientes unas cervezas artesanales (esas que finalmente voy a tomar con mi hermana, ¡y tan feliz eh!). A los días me escribió diciéndome que si recordaba que me había dicho que había dormido la noche anterior en que quedamos con una chica y que la estaba conociendo y que les iba todo genial, que quería centrarse en ella. Algo muy complicado en los hombres, centrarse en una persona. Recordar el <<ego de agenda>>, cuantas más chicas en el móvil, ego más grande.

Vamos que tenía a su Penny , yo de lo que dice él que me dijo, o tengo alzheimer o se lo ha inventado. Porque, que yo sepa no mencionó a ninguna de sus amantes. Lo más gracioso, que quería coleccionarme como amiga. << No bonito, amigos tengo muchos y no necesito más >> , ahora entiendo porque le faltaba ese tornillo y porque llegó hambriento, tras esa noche de pasión con la susodicha.

Y aquí sigo (con Carla Morrison de fondo, os la recomiendo), mientras él sigue contando calorías, yo sigo comiéndome la vida. Por cierto voy a prepararme una hamburguesa con patatas fritas 😉

La oferta y demanda del ghosting 3.0

Pensaréis que os vengo a hablar de una película de terror de esas de la época moderna o una película de ciencia ficción. No, amigas, Neo, de Mátrix no aparece en ninguna de estas líneas. Hoy vengo a hablar de la moda puntera de este año tan fantasma que está siendo 2020. Sí , el famoso ghosting, esa práctica que está tan de moda entre mis amigos tindercitos o tinderianos, como los queráis llamar. Es la nueva tendencia del desamor en redes sociales en la que tu ilusión decide cortar de repente toda comunicación y desvanecerse de la faz de la tierra sin explicación alguna.

Esto aun así, ya se llevaba desde hace siglos ¡eh!, la de historias y libros que podría escribir sobre ello. Aún recuerdo a Patrick, sí aquel que después de emails con cartas de amor a altas horas de la madrugada, de un día para otro despareció. Fíjate que llegué a pensar que lo habían secuestrado los guerrilleros o los narcos, bien está porque estaba trabajando en México cuando nos conocimos . Pero, por más que me leí la página de sucesos de Latinoamérica, allí no apareció nada de nada. Así que opté por darme cuenta que estaba demasiado enganchada a la serie de Pablo Escobar, Narcos.

Que sí, que ahora está de moda las relaciones de usar y tirar, eso no lo niego. Pero que de pronto vayas a tu hamburguesería favorita y te digan que no hay cheeseburguer pues entederme que se te atraganta y no solo el orgullo. También tengo que confesar que yo llegué a probar esta práctica, no vía internet claro está. Yo si lo llegué a hacer fue en directo, así sin anestesia, tras una noche de muchos tequilas en la discoteca, pero ¿Esconderme tras un ordenador o tras un match? eso es solo de cobardes.

Una vez hablé con una amiga, que podría considerarla mi maestra Yoda en relaciones, sobre todo en los últimos meses. Me aconsejó como liberarte de esos fantasmas muy típicos de las apps de ligues y muy de moda actualmente. La táctica del fantasma consiste en lanzar sucesivos dardos, lo que conocemos mayormente como matchs hasta conseguir un número abultado, para poder enriquecer de ego su agenda del móvil. Una vez engordado ese ego, empiezan a escribir a su víctima, se venden como el hombre de tu vida. Hablan contigo durante semanas y semanas y vuelven a la casilla de salida. Dependerá de tu la posición de la inicial de tu nombre en el abecedario o cómo aparezcas en su agenda hasta que vuelva a escribirte guapa. Así que mi consejo si ves que no aparece en la página de sucesos algún asesinato de un joven o desaparecido, es que efectivamente te ha hecho un ghosting. Así que bórralo de tu agenda y demuéstrale que tu viste la peli de Ghostbuster (Cazafantasmas).

Lo más triste que mi último ghosting tenía una foto en Tinder con una gorra del pato Donald durante su visita a Disneyland. Todavía me arrepiento de haberle dado ese match y de haberle invitado a esas cervezas. Pero no dicen que de hostias una aprende.

Tiempo de détox love

Sí, ya es 7 de enero y empezamos a poner en marcha los propósitos para un nuevo año y con un día más de regalo, es lo que tienen los años bisiestos. Pero no te esperes premios, trabajarás un día extra, pero sin paga adicional. Y cabe decir que casualidades de esta vida perra, un año bisiesto Martin Luther King y John Lennon fueron asesinados y el Titanic se hundió, prácticamente como mi vida amorosa. Pero en esta vida que haríamos sin quejarnos y creer en supersticiones de pacotilla, no sería nada divertida.

En cuanto a mi situación actual podríamos establecerla en lo siguiente: Solterona desempleada con peso desconocido tras toneladas de roscones, alcohol en vena, comidas y cenas desmesuradas gracias a la «hermosa» Navidad. En lo único que me diferencio de Bridget Jones, es que no soy una fumadora empedernida y en que he reemplazado el sexo por la comida. Am por supuesto en que no llevo braga faja (¡Antes muerta que sencilla) y que yo no tengo a dos hombres peleándose por entrar en ellas. Me sobra con mi juguetito líder en tendencias, un tal Satisfyer, al que yo prefiero llamar «Mi Bradley». Estoy segura que si Bridget lo llega a conocer cambia a su Mr. Darcy por veinte mil revoluciones de placer por segundos y orgasmos sin fin.

En fin, a lo que iba estoy en plan détox love, por lo menos por el momento. Los creadores de Badoo, Loovo y Meetic han perdido una clienta VIP, sí lo confieso era drogadicta a las apps de ligue. Que mi antigua relación de cinco años saliese de allí me seguía dando esperanzas de protagonizar Oficial y Caballero y que me cogieran en brazos a pesar de que el chico pudiera sufrir una contractura por culpa de mis kilos ganados por culpa del maldito roscón. Y a pesar de protagonizar diversas aventuras de las que saldría un reality show de los buenos, seguía confiando en ellas. Aun así decidí poner fin a este mono de amor falsificado, como una moneda de 5 euros. Me he convertido, por lo menos hasta que mi cuerpo no sufra abstinencia sexual en una mujer libre e independiente que no necesita un Mr. Darcy en su vida.

El tiempo de duración de esta película montada en mi cabeza no sé cuánto será. Me han nombrado embajadora de Reino Unido y me han invitado a protagonizar la nueva película de Indiana Jones. Sí, me toca explorar territorio británico, aspirar a un mundo de aventuras y desentrañar los grandes misterios de la antigüedad como buena arqueóloga. Tengo una cabeza amueblada, conocimiento de la historia, sé evitar y reconocer a fósiles que no aportan nada y quien sabe puede que encuentre a un Mr. Darcy que esté en busca de mi arca perdida.

Continuará…

¿Estáis en fase détox love o tenéis a un Mr. Darcy en vuestras vidas?

¡Besos seductoras valientes!