CÁPITULO 1 “LA NIETA DE LA LOLA”
Macarena abrió la puerta, dejó atrás todos sus miedos, sus inseguridades y aquello que había borrado su sonrisa. Entró en aquella habitación iluminada, con los rayos de sol que entraban esa cálida mañana en el poblado de Barbate. Se miró al espejo y vio que aquellas rarezas que quería esconder la hacían especial, que su belleza era pura y sincera y que amaba por encima de todo esas arrugas tan expresivas que las marcaba al bailar.
Bailaora de nacimiento, de raza, amaba por encima de todo el flamenco. El flamenco pasional, salvaje, auténtico que le había regalado ese don tan innato que ocupaba la mayor parte de su vida.
La joven bailaora nació en la localidad de Barbate un cálido mes de julio, ese día el mercado rebosaba de alegría, había nacido la primera nieta de la Lola, sí aquella que iba a enamorar al barrio con su gracia y salero. De su abuela heredó su belleza, su mirada profunda, esos ojos marrones oscuros que embrujarían a muchos hombres. Macarena nació con el amanecer, cuando los pescadores sacaron sus redes y la gloria se había apiadado de ellos, la pesca fue importante ese día. Y las gaviotas revoloteaban burlonas por encima de un mar que estaba bravío en ese instante, pero que destacaba por su belleza.
– ¡La nieta de la Lola tendrá carácter y será bella como el mar bravío en su mejor momento! – comentaron los vecinos del barrio.
Y allí estaba ella tan bella y de raza.
Continuará…
CAPÍTULO 2 “LA MOCITA FLAMENCONA”
Macarena bebió del flamenco desde pequeña, su abuela Lola dormía a su nieta con bulerías, fandangos, alegrías. Ella no entendía de las nanas clásicas. Al ponerse el sol, el cante solemne y con sentimiento vestido de soleá era el favorito para la joven gaditana.
Creció feliz, rodeada de una familia que la arropaba , que la amaba por encima de todo. Sus primas Candela y Alma sus fieles socias, con las que se escapaba al Castillo de Zahara de los Atunes. Los vecinos del pueblo lo conocen popularmente como “el palacio”, sí porque allí ellas se sentían las princesas del cuento del país de nunca jamás.
Macarena desde pequeñita se vestía de gitana canastera, con los retales que su abuela le cosía y la transformaba en la más presumida del pueblo. Para ella el flamenco en su vida era como el amor, cuando llegaba, todo lo transformaba.
Por ello decidió apuntarse a la escuela del pueblo. Ella tenía el alma, solo le faltaba la técnica. “La Farruquita” ponía en la puerta, un cartel viejo, pero que al adentrarse por la puerta le descubrió la magia que tanto ansiaba, no solo porque iba a enamorarse del flamenco. Sino porque en el aula le esperaba una gran sorpresa.
Allí estaba él, con sus ojos negros y su cuerpo esbelto.
Continuará…
CAPÍTULO 3 “UN BESO TIERNO”
Macarena sintió un escalofrío en su piel. Allí estaba el imán de todas las miradas, el alma de la escuela. Paco el bailaor con sangre flamenca desde pequeñito y con raza gitana que brotaba por el sudor de todos sus costados.
– ¡Bienvenida! Aquí no solo aprenderás flamenco, somos una familia y tú ya formas parte de ella- indicó el joven bailaor.
La joven gaditana enmudecida solo pudo asentir con la cabeza. Dicen que cuando te enamoras segregas unas hormonas llamadas endorfinas, las cuales crean una sensación de bienestar y placer al ver a la persona que amas. Esa sensación recorría el cuerpo de la joven.
Paco supo guiar a la gaditana en todos los aspectos, desde que pisó la escuela Macarena aprendió todo lo que tenía que saber sobre el arte flamenco.
Sin duda el profesor que lo había mamado desde la infancia supo enseñarle todo sobre una de las artes más bellas y antiguas.Pero según iban pasando los años Paco notó como su corazón empezó a transformarse, ya no solo sentía admiración hacia la joven. En él empezó a cosecharse un sentimiento más fuerte, aquel al que llaman amor.
Macarena sentía lo mismo no solo la belleza, la destreza, el cariño y admiración hacia su profesor. Y ese amor culminó una noche junto al faro, ambos pasearon largos kilómetros hasta llegar allí y fundirse en un abrazo y un beso tierno. Pero sabían que no iba a ser fácil, su diferencia de edad no estaría bien visto en el barrio.
Solo les quedaba vivir esa historia en sus rincones favoritos, lejos de la vista de miradas indiscretas.Esas miradas que a pocas horas serían su destino negro.
Continuará…
CAPÍTULO 4 “EL FARO”
Miradas furtivas relucían cada mañana en las clases de flamenco de los dos enamorados. Macarena y su profesor ya no podían remediar lo mucho que se querían y lo fuerte que había llegado a convertirse esa sensación llamada amor. El faro su lugar de encuentro, era su nueva casa, su cobijo de pasiones y deseos incontrolables. Se había convertido en su luz, a él llegaban en su pequeña embarcación, una que horas después se convirtió en una tumba en el mar para su amor.
Una noche de otoño, de camino al faro, los enamorados decidieron que no podían seguir así y que debían actuar al respecto.
-¡Huyamos!- le espetó Paco a Macarena.
– ¡Es una locura! Dejaremos atrás toda nuestra vida y yo no sé si podré ser capaz- sonrío nerviosa la joven gaditana.
– Quiero que apuestes por lo nuestro, te ayudaré en todo lo que pueda – comentó Paco.
Con un suspiro que lo oyeron las aves de la costa, Macarena le tomó la mano a Paco y le dijo
– Sí es así que sea ¡Ahora!
Los jóvenes montaron en la embarcación y navegaron hacia la orilla. Pero era una noche fría, en la que los miedos salen a relucir. El mar estaba bravío y la luz del faro había perdido fuerza, por lo que no iluminaba lo suficiente a las embarcaciones de la zona. Cuando menos lo esperaban se vieron inmersos en una oscuridad. El último sonido un fuerte alarido de Macarena y un fuerte golpe que destartaló la embarcación.
Continuará…
CAPÍTULO 5 “CIEGA DE AMOR”
Esa mañana, Barbate se había despertado gris y lluvioso. Había un revuelo enorme, el pueblo estaba conmocionado ante la muerte del hijo predilecto, del maestro, del profesor que tanto futuro tenía por delante. Macarena en la habitación se miraba al espejo con cierto recelo y vestida de negro, aun así a pesar de ello su belleza deslumbraba por todos los costados.
La vida le había dado uno de los golpes más dolorosos, le había arrebatado lo que más quería, a quien más admiraba. La joven sentía un sentimiento de culpa, aquella maldita embarcación había sido su tumba en esa fría noche de otoño.
Todo el pueblo llevaba flores al entierro del bailaor, todos entonaban la farruca con fuerza, con garra. Paco siempre hubiera querido que en su entierro le cantaran flamenco y así lo hicieron sus vecinos con palmas. Macarena en ese momento esbozó una sonrisa y supo que ella debía recoger el testigo de su amado, continuando con su labor en la escuela y así sería.
Macarena tras llorar junto a la tumba le acercaron el bastón. Sí, ella se había quedado ciega el día del accidente, cuando la barca le había propinado un fuerte golpe en la cabeza que había provocado este fatal desenlace. Pero era un espíritu tan positivo que ella decía que Paco había sido y será el único hombre que la había dejado ciega de amor.
FIN
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